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To lón, to lón

  • 29 dic 2017
  • 4 min de lectura

¡Qué bonita es la Serradilla!

Todo el mundo tiene sonidos que recordar:

tal vez el sonido de unos besos (porque los besos suenan la mar de bien), o de una sonrisa, quizás los producidos por el pesado del vecino o incluso el sonido de la mar, que vaya si suena, o pudiera ser posiblemente el sonido de una voz, el sonido de esa voz que nos llega a lo más profundo del alma. Yo tengo unos cuantos sonidos que me traen recuerdos, unos agradables y los otros no tanto, (los sonidos de voces emitidas por mis brigadieres en algunas noches de Escuela Naval de Marín, cuando uno tan sólo quería dormir y ellos te recordaban a voz en grito lo terriblemente malo que habías sido durante todo ese día, no me causan mucho entusiasmo que digamos, y menos todavía cuando acababan con castigo, con aquellas malditas flexiones o carreras después de cenar. Qué locura. Espero que la cosa haya cambiado) pero de entre todos ellos me quedo con un sonido memorable, hablo del sonido de un cencerro, de un simple cencerro. Qué bueno.

Sonido básico, sencillo, genial. Era el sonido que escuchábamos cuando subíamos a la Serradilla. ¿Qué es la Serradilla, preguntaréis?. Es una cumbre que se encuentra en la sierra de Gredos y es la montaña que separa Piedralaves de Navalhuenga, digamos que en el sur de Avila. La primera vez que subí tenía unos 8 años y lo hice con mi padre. Sí, yo estaba bastante más delgado y rubio para más señas.

Mi padre, se enamoró de Piedralaves, además de estar enamorado de su profesión y de su mujer, y tenía ansías de montaña y enseñó a caminar por ellas a su hijo. Con un trozo de queso y un vasito de agua, para llenarlo en las fuentes, caminábamos muchas mañanas entre pinos, helechos y castaños. De mi padre, diré, que las mismas ganas tenía de navegar, que de respirar tomillo. Qué bueno el aroma del tomillo.

Habré subido a la Serradilla unas 30 veces, sólo o con diferentes pandillas, y todas me dejaron huella. Y siempre sucedía lo mismo: una vez hecha la parada en la pradera del pozo, y cuando doblábamos "la Sarnosa", a mitad de camino de la cumbre, y nos encaminábamos hacia la Serradilla, allá abajo, en los prados que se formaban, acunadas por algún reguero de agua, había alguna que otra vaca, y lucían el cencerro. Cencerro que hacían sonar su "To lón to lón" y era maravilloso escucharlo: ya quedaba menos para la Serradilla.

Aquella mezcla, de estar a punto de llegar y poder por fin descansar tirado en la hierba, el aire fresco de la montaña, y aquel sonido, hacían que uno se sintiese mejor, que andase más ligero y se encaminase a la Serradilla con mejor disposición. Merecía la pena llegar a lo alto. Sé que alguno de los que me leéis sabéis perfectamente de qué estoy hablando.

Entonces llegábamos sudorosos arriba, con un sol de justicia, normalmente, y abríamos las mochilas y disfrutábamos de los mejillones en escabeche y del jamón con tomate, de las aceitunas o de las exquisitas sardinas en lata y siempre con aquel pan que habíamos comprado calentito a primeras horas de la mañana en el horno del pueblo, rico, rico. Qué delicia. Luego, algunos, subíamos a ver la otra cara de la montaña. Veíamos el pantano del Burguillo e incluso con espejos hacíamos señales a los que quedaron en Piedralaves. Por eso el sonido del "To lón, to lón" me trae buenos recuerdos. Me suena a familia y amigos.

Ahora ya hace unos 3 o 4 años que no subo. Quizás por desidia, quizás por estar fuera de forma, pero...me voy a proponer subir este año 2018. Merece la pena. Es uno de mis propósitos de primero de año. Vale, vale...Definitivamente no voy a aprender inglés en este año que comienza, y me seguiré entendiendo por "señas" con los del idioma de Paul Simon. Ni tampoco pretendo cambiar mi forma de vida, pero sí pretendo mejorar mi forma física y bajar peso. Lo tengo que conseguir.

Y también me voy a proponer otras dos cosas: por un lado "perder menos el tiempo". Un zángano como yo, zanganea muy a gustito en las modalidades "single" o en "pareja", y así dejo pasar el tiempo una barbaridad sin crear, sin hacer, sin admirar, sin intentar. Lo cual no es malo, y se lo puede permitir uno. Prueba de ello, es que incluso zanganeando, en este año 2017, saqué adelante una novela, un libro de recetas y una canción, pero...puedo incrementar la producción. Vamos, que sin intentar llegar a ser un "emprendedor", se puede intentar hacer más cositas. Por otra parte, la segunda cuestión, es que voy a intentar ser capaz de admitir el fallo de los demás. Me explico: en esta sociedad tan estricta para algunas cosas, no perdonamos la más mínima y buscamos o exigimos la absoluta perfección en las acciones de los demás, así que yo voy a intentar ser más permisivo, aunque cueste a veces. No quiere decir que admita que me metan un dedo en el ojo, pero voy a intentar ser más tolerante con los fallos, en especial con aquellos fallos cometidos por todos los que me rodean e incluso con los míos propios.

¿Dejar de ser zángano o ser tolerante en el 2018? No sé cual de estas dos virtudes es más difícil de cumplir. Bueno, ahí queda eso, a ver si lo consigo. Ese es mi propósito para este nuevo año que por cierto: va a ser estupendo. Ojalá lo sea para España.

Y por cierto...seguiré jugando también al ajedrez en los torneos del "Estar Café" de Malasaña. Buena gente, y buen ambiente y además he subido de grupo, ya no estoy en el último, y ya juego en la segunda división de las 3 formadas. Todo un hito en mi carrera, pero creo que prefiero ser cabeza de ratón que cola de león...

Pues eso, seguir haciendo por favor mis recetas de cocina del blog www.santidepaul.wixsite.com/santidepaul y disfrutarlas, y que os vaya genial este 2018, que yo intentaré adelgazar, escribir, componer y sobre todo amar. Venga, tengo que conseguirlo. Y por supuesto...que la salud no falte, que lo demás puede incluso faltar.

To lón to lón

FELIZ AÑO 2018

Besos y abrazotes

 
 
 

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© 2017 por Santi de Paúl

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