El teléfono del defensor del gordo.
- 4 ene 2018
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Sí, todavía quedan teléfonos fijos en algunas casas. Me doy cuenta de ello porque una vez al mes le paso un trapo por encima
Tengo que hacer cosas, tengo que hacer cosas...
Este sí que es un buen propósito para comenzar el año. Lo tomo por bandera. De momento he comenzado sustituyendo el viejo toallero del cuarto de baño, ya cascado, por otro nuevo y precioso que me trajo Papa Noel. Todo un reto la instalación. Para algunos esto de coger el taladro es pura rutina, como cepillarse los dientes, pero para mí es toda una hazaña. No, no me gusta el bricolaje, y lo hago porque no hay más remedio. Yo soy más bien del sentarme delante del ordenador y ponerme a escribir...
Ahí tengo mi sexta novela empezada y la tengo que continuar. Merece la pena hacerlo. No pretendo escribir un nuevo "El Quijote" pero sí entretenerme, y todo sea por hacer una novela que distraiga y enganche, como intento y creo que lo consigo con mi escritura, con mis novelas ya editadas. Por cierto, ese libro, el de Cervantes, es un libro que nunca supe apreciar. Resulta, que con 14 años, tuve una asignatura en el colegio que consistía en la lectura y aprendizaje de los diferentes capítulos de dicho libro. Craxo error de la ley de educación. Confirmo que en este tema de las leyes de educación en España no damos pie con bola. Así, un profesor, D. Hilario que se llamaba, nos leía el Quijote, o nosotros lo hacíamos, y le cogíamos manía al profesor, al Sancho, a Rocinante y a la madre que los parió a todos. No sé si aprobé con nota, pero me resultó su lectura bastante insufrible. Es lo que tiene obligar a la gente. Por eso, lo de obligar, hay que pensárselo muy mucho. Os cuento un secreto: nadie te obliga querer a una persona, y creo que por eso se les llega a querer tanto. A mí me sucede con mis seres queridos. Vamos, igual que acontece al trucho con la trucha. Juraría que digo unas cosas preciosas en estos comienzos de año, luego, según pasan los meses, me vengo un poco más abajo.
Pues sí, en esto de las obligaciones, y lo dice uno que acató la disciplina de la Armada española durante 20 años, hay que andarse con ojo. Porque la disciplina es útil y necesaria para algunas cuestiones y grupos determinados, pero no siempre es necesaria. Por ejemplo, en una excursión de un grupo puede valer cierta disciplina, sin embargo, en un matrimonio, me parece a mí que no, pues más bien debe imperar el consenso. Yo soy disciplinado "a ratos" ,como Pilatos. Vamos, según me conviene, y eso me parece que no es ser precisamente "disciplinado". Eso sí, tampoco la anarquía me convence.
Porque...hablando de disciplina: ¿quien no se ha sublevado alguna vez? No sólo gentes como Franco y Puigdemont se han sublevado por estas tierras a las que quiero tanto, sino que sin ir más lejos, el día 2 de enero y en Malasaña exactamente, (algo parecido al 2 de mayo, sólo que con la calefacción puesta) me tuve que sublevar contra el peor enemigo que uno pueda tener: uno mismo. No sé quien ganará esta revuelta. Os cuento:
Todo comenzó cuando me subí a la báscula. Fue terrible: 96,6 kilos. Con las celebraciones navideñas, prenavideñas, postnavideñas y esos numerosos días señalados como "hoy también papeamos", había engordado ni más ni menos que 2,5 kilos en un mes. Me dieron ganas de llamar inmediatamente al teléfono de defensor del gordo, animado por el efecto "Paquirrín" que ha sido capaz de quitarse 20 kilos, mejorando así considerablemente su silueta, pero dicho teléfono no paraba de comunicar de la cantidad de gordos angustiados que había en espera ese 2 de enero. Entonces dejé en paz a la ONG pro gordos, y me centré en llamar a mi buen amigo Sebastián para contarle preocupado mi grave problema: fue muy claro en su respuesta. Simplemente me dijo: "Santi, tu eres idiota. Llevas contándome la misma milonga desde hace más de 10 años". Bueno, al menos fue sincero. Finalízó con el ya clásico "a ver si quedamos y nos zampamos unos torreznos". Me gusta mi amigo porque siempre me ayuda y encuentra soluciones varias a mis problemas. Me faltó tiempo para ponerle luego un whastspapp con varias caritas sonrientes y reenviarle la felicitación número 223 que me habían mandado con motivo del fin de año. ¡Uhmmmm qué ricos los torreznos! (esta no es la actitud de la dieta, ya sé que no lo es)
Pero qué razón tiene Sebastián. 10 largos años, o más, con el mismo problema. Comienza a ser incurable mi mal. Ya va siendo hora de atajarlo. El lunes 8 a las 8 de la mañana comienzo la dieta. Seguramente me despida con unos churritos ricos que añadiré a la tostada rebosante de mantequilla. No sé si esto es una "frugal colación". Bueno, por el cambio. Ya sé que no soy muy original de comenzar la dieta con el año nuevo, pero hay que intentarlo. Lo importante es tener proyectos e ilusiones. Ya, si se cumplen, puede ser la repera.
Pues eso: no hay nada como colocar un toallero. De momento es mi gran obra del año. Al igual que mi peña de quinielas "Tinto de verano" que a ver cómo se comporta en el 2018. Muy sencillo: apúntate a la peña y te forras conmigo. Porque lo sabemos todos: hacienda va a ser dura este año, que todo hace presagiar que no queda pasta para las pensiones. Y yo quiero pasta para poder seguir comiendo (de vez en cuando) torreznos. Tú verás.
Besos y abrazotes y hasta la próxima semana.

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