Nos casamos
- 30 oct 2021
- 3 min de lectura

La noticia más importante de la semana no es política, ni económica, ni siquiera deportiva, es mucho más que eso. Ana y yo nos vamos a casar. Ya iba siendo hora. A mis 60 años. Todos encantados, incluso los gatitos lo celebran.
Para esos menesteres de pedir la mano no soy de los que me haya planteado viajar a Tahití o visitar cataratas lejanas, sino que organicé algo más sencillo: una cenita romántica en casa, eso sí: con pantalón de vestir, pues el manual del buen pedidor de mano indica claramente que para estas ocasiones nada de pantalones vaqueros. Para crear ambiente, una velita iluminando la estancia y de menú gambas al ajillo con una botella de Albariño. Claro, por supuesto pastelitos de postre que Ana es golosa.En ese ambiente tan romántico, estupendo y apetecible, lleno de emoción pregunté a Ana si se quería casar conmigo y adorné la escena con el regalo de un anillo. No pudo resistirse, y motivada por las gambas al ajillo, y el vino, aplaudió y se rindió a mi proposición sincera. Encantada me dijo el "si quiero" mientras se ponía el anillo en el dedo. Claro, lo del "dedo" me parece que sobra porque no se lo iba a poner en la nariz. Qué buena noche. Ya solo queda fijar la fecha, el lugar del enlace, el papeo y todo eso. Nos apetece un montonazo. Vivan los novios.
Pues si. Yo que en solitario anduve navegando unos 60 años, tengo la suerte de que una mujer quiere compartir su vida conmigo. Esto es la mejor peli romántica que conozco, esta sí que es la peli de mi vida. Y curiosamente yo soy uno de los 2 protagonistas. Qué suerte.
Pero la vida sigue y hay que conseguir pasta para comprar más gambas y que no falte el vino albariño, pero la realidad es que esta semana no hice caja alguna, ni proyecto de hacerla. De tal manera que algunas editoriales han comenzado a contestar tras mi brillante propuesta literaria con mi nueva novela e incluso he cosechado algunas buenas palabras de respuesta a mi ofrecimiento, pero en definitiva... poca chicha, todo agua de borrajas. Me dicen mayormente que mi novela no encaja en su estrategia editorial. No desespero. En cualquier caso, la publicaré, con editorial o sin ella. Es una buena novela y posiblemente mi última novela. Venga, a ver si algún editor se anima y se arriesga conmigo y se olvidan de esas estrategias editoriales de las que hablan. Pero no, no me enfado con las negativas. He aprendido a no enfadarme y me va bien así.
Porque hay que ganar más pasta, entre otras cosas. Y es que la comida de los gatitos es carísima, la luz sube y sube, y no renuncio ni renunciaré jamás a seguir tomándome una caña de aperitivo y dejando propina incluso, que yo soy de esos. Benditos momento el aperitivo. El más allá debe estar lleno de terracitas.
Ya me despido. La verdad: tenemos muchas ganas de celebrar la boda. No, no es tan fácil encontrar el sitio adecuado para la celebración. Qué barbaridad: hablan de cobrar unos 800 pavos por contratar un DJ. Qué cara sale esa música. Aún así, habrá comilona. Con vaqueros y sin corbatas, sin gorritos multicolores y esos incómodos zapatos de tacón.Ahí lo dejo.
Besos y abrazotes y hasta el próximo finde
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