Una anécdota marinera
- 4 jul 2021
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Villagarcía, verano de 1996.Ha llovido ya.
Me encontraba de Comandante mandando el Buque Científico CASTOR de la Armada. Era nuestra quinta campaña para finalizar la carta náutica de la ría. Unos 40 hombres de dotación que nos pasábamos unos 4/5 meses por aquellas tierras haciendo trabajos hidrográficos que en la mayoría de los casos los realizábamos con un pequeño y lento bote con el que hacíamos horas y horas de sondas.
Día laborable de verano. Nos encontrábamos atracados en puerto, al lado del náutico, mientras el bote con su dotación de 3 hombres se había hecho a la mar desde temprano por la mañana para continuar los trabajos y seguía navegando.. Hora de la siesta y como siempre no perdoné. Me sumergí entre las sábanas. Las cosas funcionaban. De repente me despiertan.
- Comandante, comandante: Hay fuera un señor quiere hablar con usted.
No demasiado entusiarmado, me levanté y pronto pensé: ¿Quien sería para dar el coñazo a la hora de la siesta? El marinero que me despertó no supo aclararme este punto.
Bajé a tierra por el portalón y efectivamente allí estaba un señor, algo talludito. Sería el típico jubilata, pensé, que no tiene otra cosa más divertida que hacer que ir despertando a Comandantes por Villagarcía. Por supuesto bajo en vaqueros, uniformidad típica hidrográfica en horas de la siesta.
Nos saludamos cordialmente y con tono inquisitivo me pregunta
- Yo realmente... quiero saber qué hace este barco aquí
Vaya, un jubilata curioso, pensé. Como supuse su desconocimiento del mar y de los marinos, comencé a explicarle el asunto que le intrigaba como si fuera un niño:
- Esto es un barco científico de la Armada, que se dedica a medir la profundidad de los fondos. Como este barco hay 3 más y hacemos cartas náuticas, que son los mapas del mar...Me interrumpió entonces mi brillante discurso y con mirada inquisitiva me anunció.
- Por si no lo sabe soy el Segundo AJEMA (Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada).
Tremendo. Un Segundo AJEMA es todo un Dios y era el jefe directo sobre barcos y gentes. Y el caso es que este señor en esos momentos ya estaba un poco calentito porque según me contaron despues, el primer cruce de palabras que tuvo con un miembro de la dotación de mi barco fue al preguntarle al centinela si ese barco navegaba mucho, a lo que el centinela le respondió.
- Nada, esto no navega nada.
No contento con esa respuesta, el 2 AJEMA vio a un oficial por la cubierta, que era el magnífico jefe de máquinas, y le preguntó que cómo se llamaba el comandante del buque. A lo que el otro, que llevaba un día embarcado le dijo
- Ni idea. No lo sé.
Mala respuesta. Mal asunto si un oficial no conoce como se llama su Comandante.
- Quería hablar con él, solicitó
- Está durmiento la siesta, le respondió.
No creo que esta respuesta fuese mejorando las cosas. Fue entonces cuando me llamaron. Sí, debía de estar a esas altuaras calentito.
Porque...¿Qué hacer ante estas situaciones? pues intentar remediar el desconocimiento de su persona y explicar nuestra situación.
Comenzamos entonces a dar paseos por la esplanada del muelle y a contarle los pormenores de nuestro trabajo. Comenzó a hacerme preguntas.Naturalmente ahora ya le trataba de "Vuecencia", hablamos de la profesión, de la misión y de dietas entre otras cosas, y conseguí que al final quedara satisfecho con lo que escuchó. Nos despedimos sin abrazos efusivos, pero si cordialmente, y así también quedé satisfecho con su visita atípica, que...tuvo su gracia. Él había nacido allí.
No hubo efectos colaterales con su visita y al poco tiempo me lo encontré en un nuevo destino al que le nombraron: ALDEST ( Almirante del Estrecho). En el día de presentación le fuimos a saludar los oficiales con mando y según me vio, sonriendo me dijo
- Qué Iglesias...ya me conoces
Tengo un gran recuerdo de Él como jefe y creo que él también lo tuvo de mí como subordinado, pues me dio una medalla por mi mando. Una medalla que aprovecho esta líneas para dedicarla a toda mi dotación. Que tipos más estupendos los del CASTOR y demás gentes hidrográficas..
Aquí acabaría la historia sino fuera porque además le tengo que agradecer al Almirante su ayuda posterior en un mal momento que padecí. Eso distingue a los buenos jefes.
Me acabo de enterar de su muerte por COVID hace casi un año. DEP Francisco Rapallo Comendador. Muchas gracias Almirante.
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